16 de junio de 2010

Qué propósito tiene la profecía

El propósito de la profecía, que es una declaración de origen divino revelada a una persona, por medios sobrenaturales, se entiende con el reconocimiento del trato de Dios con los primeros humanos, Adán y Eva. Adán y Eva en el jardín de Edén, no estaban perdidos o solos, ni se sentían que no sabían qué hacían allí. Jehová, el Creador, se dio a conocer a ellos. Les reveló a Adán y Eva el papel que desempeñarían en Su propósito, y su verdadera relación con él. Dios hizo a Adán su primer profeta, con la responsabilidad de pasar las revelaciones divinas a su esposa y con el tiempo a la prole que tendrían, es decir, a toda la humanidad.
(Léase el Génesis 1:27-30; 2:15-17.)

Esa era la única adoración a Jehová, la única forma de adoración revelada por Jehová Dios. Se expresaba por obediencia a la voluntad de Dios, basada en el amor al Padre y la gratitud a Él, con el debido temor reverente que Dios inspira en el corazón de hombres y mujeres. Jehová no exigía ritos, sacrificios, altares ni oráculos. Ni hubo un extenso código de leyes que regulara hasta la forma de respirar de Adán y Eva.


Pero en el Génesis 3, se narra la primera “revelación” opuesta, con origen sobrenatural no proveniente de Jehová. La Biblia es clara en indicar que hay profecías verdaderas, que provienen de Jehová y se cumplen, y las que son de otro origen, que, independientemente de que se cumplan o no, si no provienen de Jehová Dios, no tienen validez.

Un querubín quiso erigirse en una especie de divinidad paralela a Jehová Dios, deseando ser adorado por Adán y Eva, y su prole. Él ofreció un camino, una vía que era diferente a lo que Dios había establecido. Esto lo convirtió en Satanás, opositor de Jehová. Su “profecía” pareció ofrecer autonomía e independencia de Dios, con éxito. ¿Pasó que al comer Adán y Eva del fruto que no murieron? No, sabemos que la humanidad quedó en esclavitud al pecado, y se acarreó la muerte. Sencillamente, la humanidad quedó alejada de Dios.
(Léase el Génesis 3:1-19; Romanos 5:12.)

Con el tiempo, otros ángeles rebeldes, o demonios, se unieron a Satanás. Estos iniciaron falsos conceptos religiosos, ideologías, doctrinas, dogmas, destinadas a someter a la gente al oscurantismo, y a alejarlas más de Dios.

¿Podemos afirmar categóricamente que lo que hoy día llamamos "religión", se basa solamente en conceptos heredados de aquellos remotos tiempos?

No. Sabemos que hoy día, Satanás y los demonios inspiran profecía falsa, conceptos e ideologías orientadas para engañar y dividir a la humanidad, confundir las revelaciones verdaderas acerca de Dios y establecer ideas y religiones falsas.
(Léase 1 Timoteo 4:1; 1 Juan 4:1-3; Revelación 16:13-16.)

La Biblia dice: “Llegó a haber también falsos profetas entre el pueblo, como también habrá falsos maestros entre ustedes. Estos mismísimos introducirán calladamente sectas destructivas”. (2 Pedro 2:1.)

¿Acaso extraña que Jesucristo haya predicho que habrían falsos profetas?

No. ¿Qué es un falso profeta? Podemos decir que es alguien que alega recibir alguna "revelación" divina, o entendimiento basado en las Escrituras. Y dicha "profecía" no se cumple, no sucede, o se realiza.


Hasta se ha visto que hay quienes usan el santo nombre divino, Jehová, para promover sus particulares dogmas "bíblicos", pero un análisis bíblico imparcial sin ideas preconcebidas, manifiesta que dichas enseñanzas supuestamente "bíblicas" realmente no están sintonizadas con la profecía bíblica y con el espíritu de lo que Dios ha revelado.

¿Qué propósito tiene la profecía verdadera?

Dirigir a las personas a ejercer fe en Jehová Dios y Su Palabra Profética, que inexorablemente se cumple. Jehová desea ser adorado con espíritu y con verdad, y de una forma u otra, la verdadera y genuina profecía y sus reales y genuinos cumplimientos direccionan a las personas a la fe en Dios.


Las profecías verdaderas dan a conocer la verdad acerca de Dios, su voluntad y su propósito. Aclaran la relación del hombre con Él para poner de nuevo a la humanidad en armonía con Su propósito, para que este se cumpla por completo.
(Léase Isaías 55:8-11.)

Fue Jehová quien dio la primera profecía que se registra en la Biblia, suministrando una base para la esperanza a la prole de Adán y Eva. Reveló que habría un Libertador, una “descendencia”, que destruiría a Satanás y a la prole de este, y reconciliaría a la humanidad con Jehová, con su Padre Celestial. Profecías posteriores ayudaron a identificar a esta “descendencia” prometida, o al “ungido” de Dios, y revelaron que él desempeñaría el papel principal en el cumplimiento de los propósitos divinos.
(Léase Génesis 3:15; Salmo 2:2; 45:7; Isaías 61:1.)

Uno de los propósitos de la profecía fue dar a conocer los propósitos de Dios y al “ungido”, o “Cristo”, mediante el cual estos se cumplirían. Puesto que este escogido resultó ser Jesús, el ángel de Jehová dijo: “Adora a Dios; porque el dar testimonio de Jesús es lo que inspira [o: es el espíritu de] el profetizar”. (Revelación 19:10.) Esta declaración aclara dos puntos.


Primero, ninguna persona que es agente de la profecía verdadera exigirá que la adoren, porque la adoración verdadera pertenece solo a Jehová Dios. (Mateo 4:4; Juan 4:23, 24.)

Segundo, el objetivo final de toda profecía verdadera debe ser revelar acontecimientos y hechos relacionados con Jesús, y lo que este hará para realizar el propósito divino. Con esto se da reconocimiento al papel clave que Jehová le ha asignado en el desenvolvimiento de Su propósito de santificar Su nombre y hacer que la Tierra vuelva a su lugar apropiado dentro de Su arreglo de cosas.
(Léase Juan 14:6; Colosenses 1:19, 20.)

Por esta razón, los mensajes inspirados procedentes de Dios señalaban principalmente hacia Jesús. Todo el espíritu, o intención y propósito, de tal profecía verdadera era dar testimonio acerca de él. Además, la realización de las profecías en Jesús indica que todas son verdaderas. Por eso la Biblia dice que ‘la verdad vino a ser por medio de Jesucristo’. “Porque no importa cuántas sean las promesas de Dios, han llegado a ser Sí mediante él.” (Léase Juan 1:17; 2 Corintios 1:20; Hechos 10:43; 28:23.)